Gure mendiak – Nuestros montes

En Donostia contamos con un entorno natural de excepción a un paso de la ciudad gracias a los tres montes de los que podemos disfrutar en familia. Coge la mochila y acerca nuestra naturaleza a los txikis.

Ulia

El mayor espacio verde de la ciudad comunica San Sebastián con Pasajes, bordeando la costa con espectaculares  acantilados.
Se accede hasta este monte a pie desde el barrio de Gros y en coche desde la Avenida de Ategorrieta.

Por su tamaño posee una gran variedad de flora y en su interior, en la parte más alta, se encuentran un albergue juvenil, zonas de “pic-nic” y las instalaciones del antiguo tiro de pichón, junto a un pequeño bar con terraza sobre el mar.

Lugar frecuentado el siglo pasado por la aristocracia que veraneaba en la ciudad, todavía se pueden observar los restos de lo que fue la estación de un pequeño teleférico con forma de molino.
El lugar fue también utilizado como atalaya para el avistamiento de ballenas.

Además de por su belleza, el monte Ulia destaca por unas vistas inigualables de San Sebastián, en las que se alinean, como si fueran un sólo monte, Urgull, la isla de Santa Clara y el monte Igueldo.

En el monte Ulia encontramos diferentes rutas adaptadas a cada familia, desde un corto paseo hasta la ruta que nos lleva hasta Pasajes.

Igeldo

Cerca de la ciudad, Igeldo oculta preciosos recorridos y paseos, cada uno a su nivel. Podéis subir en coche, andando, o en funicular.

Junto con Zubieta conserva su carácter de núcleo rural, aunque en las últimas décadas se han construido numerosas edificaciones residenciales dispersas, restaurantes y el camping, que han hecho de este barrio un lugar muy visitado durante todo el año.

Urgull

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Un monte urbano, al que accedemos desde la parte vieja de Donostia o el Puerto, y también desde el paseo nuevo. Un bonito paseo en familia con vistas espectaculares de la bahía.

Urgull forma parte indiscutible del paisaje natural y la memoria histórica de la ciudad.

Conforma la bahía de la Concha, junto con el monte Igueldo y la isla Santa Clara.

Atalaya privilegiada, su cima está coronada por el castillo de la Mota y una escultura del Sagrado Corazón.

El puerto pesquero y el casco viejo se extienden a sus pies. Sus diversas fortificaciones sirvieron hasta el S. XIX de defensa de la ciudad.

En la actualidad se conservan importantes vestigios de su pasado militar (baterías de cañones, polvorín, cementerio militar de Los Ingleses).

En el Castillo de la Mota y en la batería de las Damas, en lo que fue un antiguo polvorín, durante el verano se realizan exposiciones temporales y se abre una  biblioteca infantil.

Con una gran y variada masa arbórea, el acceso al monte se realiza desde el Paseo Nuevo y la Parte Vieja por la Plaza Zuloaga,  el Paseo de los Curas y por detrás de la Basílica de Santa María.

 

 

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